MUSEOLOGÍA Y MUSEOGRAFÍA EN LA CATALUÑA DEL SIGLO XX.

MUSEOLOGÍA Y MUSEOGRAFÍA EN LA CATALUÑA DEL SIGLO XX.
Francesc Xavier Hernàndez Cardona (Historiador y museólogo. Universidad de Barcelona)

Resumen
A principios del siglo XX Cataluña conoció un vigoroso periodo cultural relacionado con la expansión de la economía industrial. El modernismo, primero, y el novencentismo y el vanguardismo racionalista, después, fueron los movimientos que vehicularon el renacer cultural y artístico de Cataluña. En este contexto el mundo de los museos también conoció su despertar. La labor desarrollada por instituciones autonómicas como la Mancomunidad de Cataluña y la Generalidad republicana pusieron las bases de la museología catalana, tanto a nivel teòrico como de realizaciones concretas. La ingente tarea desarrollada, entre otros, por J. M. Folch i Torres, y Pere Bosch Gimpera implicó la puesta en marcha de proyectos nacionales tan potentes como los Museos de Arte y de Arqueología de Cataluña.
La Guerra Civil y el triunfo del fascismo supusieron una dura ruptura, pero los técnicos formados en el periodo de la Mancomunidad y la República continuaron trabajando sorteando todas las dificultades impuestas por la dictadura militar.
Fue precisamente en el último periodo del franquismo cuando Joan Ainaud de Lasarte consiguió poner las bases de los que iban a ser los equipamientos más potentes de la museología catalana: el Museo de Arte de Cataluña, consolidado y relanzado, el Museo Picasso y la Fundación Miró.
La restauración monárquica de 1975, no implicó saltos cualitativos importantes en museología. A partir de ese periodo las tradiciones económicas industriales catalanas tuvieron problemas para avanzar hacia la sociedad postindustrial. La nueva economía se fundamento en la especulación urbanística y en la construcción e implico un periodo de hegemonía de los arquitectos que también se materializó en museología y museografía. La nueva museología sometida al culto del edificio contenedor triunfó plenamente con iniciativas como el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona o el Museo Nacional de Arte de Cataluña, con propuestas muy tradicionales cuanto a museografía. Por otra parte la proliferación de administraciones públicas también contribuyó a generar discursos fragmentarios. No hubo capacidad para generar un proyecto cultural común ni propuestas museográficas congruentes. En el nuevo y errático panorama de finales del siglo XX, apenas destacaron experiencias como el Museo Nacional de la Ciencia y de la Técnica; o el Museo de Historia de Cataluña, el primer gran museo interactivo de historia ensayado en Europa. A menor escala iniciativas como la musealización de las Minas de Cercs, de la Ciudadela Ibérica de Calafell o del monasterio de Sant Benet de Bages también implicaron aportaciones originales y novedosas.

LOS PRECURSORES
La museología y museografía catalanas nacieron con plena identidad a principios del siglo XX. La coyuntura del momento era de plena efervescencia y transformación del país, con un acelerado despliegue de una segunda revolución industrial propiciada por la irrupción transformadora de la electricidad. La Cataluña industrial forjada con la tecnología del vapor desde mediados del XIX, que había buscado su expresión a través de la estética Modernista, entraba ahora en un periodo de madurez. En el plano cultural creció y se desplegó un novecentismo ligado a las propuestas pragmáticas del catalanismo político, dispuesto a conseguir niveles de autonomía que permitieran el desarrollo de grandes infraestructuras culturales. Así bajo el paraguas político de la Lliga Regionalista y de la “Mancomunitat de Catalunya”, primer embrión de autogobierno, surgieron iniciativas museales autóctonas, en un momento en el cual las intervenciones museológicas del Estado se limitaban a Madrid y a unas pocas capitales provinciales.
En Cataluña los dirigentes de la Lliga desarrollaron una política museológica porque también de esta manera, con instituciones museales nacionales, podía construirse la nueva Cataluña.
El primer gran estratega de la nueva museología catalana fue sin duda Josep Maria Folch i Torres (1880-1950), discípulo del arquitecto i político Puig i Cadafalch 1867-1956) i bibliotecario de la Junta de Museos (1913). Fue pensionado para estudiar en distintos entornos museales europeos. Nombrado director general de museos en 1920 colaboró decisivamente en el rescate de las pinturas murales del románico catalán. Apartado de su actividad durante la Dictadura de Primo de Rivera volvió a la actividad con la II República y la institución autonómica de la Generalidad de Cataluña. En 1934 inauguró el que seria uno de los museos más emblemáticos del país: el Museo de Arte de Cataluña. Folch ensayó una museografía original, posibilista y didáctica salvando las grandes dificultades del edificio receptor, el Palació Nacional de Montjuïc (que todavía alberga, hoy el Museo Nacional de Arte de Catalunya), construido como arquitectura efímera con motivo de la Exposición Universal de 1929. Durante la Guerra Civil participó decisivamente en las operaciones de salvaguarda del patrimonio histórico-artístico catalán.
Pere Pere Bosch i Gimpera (1891-1974) fue, sin duda otro de los grandes precursores de la museología y museografía catalanas. Comprometido políticamente con izquierda republicana y nacionalista, participó en el diseño de un nuevo modelo de país libre que, lógicamente, debía contar con instituciones museales potentes. Bosch, que fue también Rector de la Universidad de Barcelona y Consejero de la Generalidad, impulso decisivamente la arqueología catalana y europea. Estudió detenidamente las experiencias de Alemania y otros países centro-europeos y las aplicó en el Museo de Arqueología de Cataluña (1935). El museo fue una propuesta ejemplar, construida con visión de estado, que contaba con una impresionante propuesta didáctica que incluía maquetas y grandes espacios escenográficos. La iniciativa situó la museografía catalana en la vanguardia de las experiencias europeas.
Cabe destacar también que en 1929 con motivo de la Exposición Universal de Barcelona de 1929, i a iniciativa de Puig i Cadafalch, se inauguró un parque tipo “Skansen”. Debía denominarse “Iberona”, ya que pretendía representar el conjunto de la península Ibérica, pero la Dictadura Militar del general Primo de Rivera impuso el nombre de Pueblo Español. Se trataba de un amplio recinto que contenía réplicas de diferentes modelos de arquitectura popular del estado español y con zonas reservadas a la exhibición de oficios artesanos tradicionales.
Tras la Guerra Civil (1936-1939) Cataluña, bajo el régimen fascista del general Franco, conoció un proceso de genocidio cultural explícito. Sin embargo algunos de los intelectuales y profesionales que se habían formado en el entorno de la Lliga y del espíritu de la obra de la Mancomunidad consiguieron mantener una interesante dinámica museológica y museográfica. Adoptaron una actitud posibilista aprovechando la propia administración de la dictadura para impulsar proyectos culturales ambiciosos.
Así Agustí Duran i Sanpere (1887-1975) y Frederic Udina i Martorell (1914) crearon el impresionante Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona, a partir de 1943, e impulsaron las espectaculares excavaciones de la Plaza del Rey consiguiendo la intervención arqueológica y museal más sorprendente realizada en la Cataluña del siglo XX. Su obra fue continuada por Frederic-Pau Verrié (1920) que logró, en lo que fue una impresionante aventura científica e intelectual, localizar y excavar el baptisterio de la primera basílica paleo-cristiana de Barcelona.
Pero sin duda el estratega más hábil fue Joan Ainaud de Lasarte (1919-1995), el mejor museólogo catalán de la segunda mitad del siglo XX. Fue director de los Museos de Arte de Barcelona (1948-1985) y como tal impulsó, de manera directa o indirecta, un proyecto cultural holístico para Barcelona y Cataluña que seguía los pasos iniciados en tiempos de la Mancomunidad.
Su astucia y sentido estratégico de la cultura le llevó a impulsar sucesivamente el Museo Picasso de Barcelona (1963) y la Fundació Miró (1975) en un momento en el cual la administración española estaba lejos de valorar la significación de los artistas contemporáneos. Además, el edificio de la Fundació Miró lo construyó el mítico Josep Lluís Sert (1902-1983), el máximo exponente de la arquitectura racionalista catalana de pre-guerra. Por otra parte Ainaud contribuyó también, de manera decisiva, a sostener el Museo de Arte de Cataluña. En este mismo momento, en 1974, se fundaba el Museo Dalí de Figueras, y el impulso de los museos de arte todavía se dejó notar en Barcelona con la creación Fundación Tapies (1985) que abrió sus puertas en 1990.

LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA.
Tras la muerte del general Franco, en 1975, la restauración monárquica dio paso a algunas reformas de tipo democrático. Cataluña obtuvo concesiones de carácter autonómico y un Estatuto de autonomía. El panorama museal catalán se caracterizó por un nueva y caótica realidad con iniciativas fragmentarias, desarrolladas en paralelo, y a veces en competencia, por parte de distintas instituciones: la Generalidad de Cataluña; los ayuntamientos de las grandes ciudades, y singularmente el de Barcelona; las Diputaciones y el propio Estado español.
El momento histórico estaba caracterizado por la definición de un modelo de crecimiento que fiaba en la preponderancia de la construcción como punta de lanza de la economía industrial y postindustrial. La fantasía que un país podía construirse a base de cemento se instaló en el imaginario de la clase política catalana. En este contexto los arquitectos hegemonizaron posiciones profesionales en todos los sectores de producción, gestión y decisión vinculados al nuevo modelo político-económico basado en la construcción.
Los urbanistas planificaron la destrucción de los cascos históricos, la liquidación de la línea de costa y la proliferación de urbanizaciones insostenibles. La especulación inmobiliaria y urbanística, improductiva por definición, se convirtió en centro de gravedad de la economía y de la cultura. En este contexto el prestigio de los arquitectos se extendía y hegemonizaba los más diversos espacios de la cultura y también la museología y la museografía. Durante los dos últimos decenios del siglo XX y el primero del XXI los arquitectos, y sus epígonos de diseño de interiores, rompieron con la herencia de la Mancomunidad y se erigieron en los nuevos profetas de una nueva museología catalana supeditada al ladrillo.
La actividad de renovación fue muy limitada durante los primeros años de la restauración monárquica. La gobierno autónomo de la Generalitat de Cataluña, dominado durante años (1980-2003) por las fuerzas de centro derecha nacionalistas, carente de un programa cultural, no impulsó proyectos ambiciosos en el campo de la museología. Algunos museos clave sometidos a conflictos de competencia en cuanto a gestión, como el Museo de Arte de Cataluña, tuvieron problemas. Este museo, el más emblemático de Cataluña estuvo cerrado al público durante 18 años, desde el 1977 hasta que en 1995 se reabrió la sección románica.
La única iniciativa relevante durante los primeros años de gobierno autónomo fue la creación del Museo Nacional de la Ciencia y de la Técnica en 1979, un museo creado de abajo a arriba gracias a la tenacidad del ingeniero Eusebi Casanellas (1948). El museo se constituyó en red, y a partir de la sede central de Terrassa agrupó numerosos museos locales temáticos de muy distintas características (Molino Papelero de Capellades, Agua de Igualada, Serradora d’Areu, Corcho de Palafrugell, etc).
En 1990 el parlamento catalán impulso una Ley de Museos que pretendía impulsar grandes museos “nacionales” (Arte, Arqueología, Ciencia y Técnica…) pero que no pasó más allá de la declaración de intenciones.
Como contrapunto al inmovilismo de las administraciones el panorama museológico catalán se animo a partir de una singular iniciativa privada: el Museo de la Ciencia impulsado por la Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona “la Caixa”. El centro se inauguró en 1981 y fue de hecho la primera versión europea relevante de la nueva museografía interactiva que había impulsado el Exploratorium de San Francisco. La museografía, coordinada por los ingenieros Rafael Clemente (1946) y Carles Puig (1947) , siguió muy de cerca la experiencia norteamericana y consiguió un éxito rotundo. El Museo de la Ciencia se convirtió en uno de los más populares de Barcelona, naturalmente sectores profesionales de museólogos criticaron la experiencia argumentando que aquello no era un museo.

TRAS EL DESIERTO OLIMPICO
En 1986 Barcelona fue designada como sede de la XXV Olimpiada que debía celebrarse en 1992. El evento se aprovechó para desencadenar transformaciones urbanísticas sin precedentes en la ciudad de Barcelona, algunas de ellas respondían a necesidades históricas y otras tenían como objetivo satisfacer las ambiciones del sector inmobiliario. En cualquier caso la designación implicó la paralización o la ralentización de las ya de por si escleróticas políticas museales del gobierno autónomo y del ayuntamiento de Barcelona. Las intervenciones en cultura, al margen de la especulación inmobiliaria, no se consideraron productivas.
Tras los juegos la ciudad quedó exhausta, sin embargo las intervenciones en cultura se convirtieron en inexcusables. Tras las olimpiadas y hasta el final de siglo se impulsaron varias instituciones museales subordinadas a sus respectivos proyectos arquitectónicos. Así entre las intervenciones más destacadas cabe señalar la inacabable reforma del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) (1995-2004); la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) (1995); la consolidación del Museo nacional de Ciencia y la Técnica (mNACTEC) con la inauguración de la sede de Terrassa (1983) y la inauguración de la exposición “Energeia” (1996), la reordenación del Museo Diocesano y Comarcal de Solsona (1992), la construcción del Museo Episcopal de Vic (1995-2001) y, finalmente, la creación e inauguración del Museo de Historia de Cataluña (1996). A su vez dos museos bajo influencia de la Diputación, el Museo Marítimo de Barcelona fue remodelado en el 1996 y el Museo Arqueológico de Barcelona conoció también reformas constructivas (1999).

EL MANAC I EL MACBA
La presión del pensamiento urbanístico fue determinante en el formato y ubicación que se dio a los museos emergentes del momento: el MNAC y el MACBA. Oriol Bohigas (1925) fue sin duda el ideólogo y factotum que supeditó la política cultural a una estrategia errática de construcción de la ciudad de Barcelona. Entre 1980 y 1984 fue delegado de los servicios de urbanismo del ayuntamiento de Barcelona, en 1984 pasó a ser concejal de urbanismo y dirigió las transformaciones urbanas que se plantearon en el contexto de las Olimpiadas. Finalmente entre 1991 y 1994 asumió también la concejalía de cultura, a partir de la cual influyó decisivamente en la política museal. Durante todo el periodo se actuó con total desprecio al casco histórico barcelonés que sufrió terribles mutilaciones y destrucciones, especialmente en los barrios del Raval i Sant Pere.
Bohigas decidió que el Museo de Arte de Cataluña debía continuar en su emplazamiento del Palacio Nacional de Montjuïc. En su día Folch y Torres había escogida este emplazamiento de manera provisional consciente de los grandes problemas del edificio (un pastiche efímero de la Exposición del 29). Ainaud en su momento había pensado emplazamientos más congruentes y asequibles, como por ejemplo el entorno de Monasterio de Pedralbes o alguna zona central de Barcelona. Contrariamente Bohigas aplicó el criterio que ya se había ensayado en los grandes equipamientos deportivos: las zonas centrales de la ciudad debían reservarse a la especulación urbanística, mientras que las zonas marginales (la montaña de Montjuïc) debían dedicarse a la ubicación de equipamientos deportivos y culturales. Así el MNAC debía continuar ubicado en un terrible edificio totalmente inapropiado para las funciones museales. La consolidación y reordenación arquitectural de los espacios del Palacio Nacional exigieron una cantidad ingente de recursos económicos. La decisión implico el sacrificio de fondos de cultura, más de 10.000 millones de pesetas, mucho dinero en la década de los 90, para consolidar un edificio imposible. El MNAC situado en la ladera de una montaña tenía (y tiene) graves problemas de acceso, de mantenimiento, de climatización. Desde el momento de su parcial reabertura, en 1995, se convirtió en un pesado lastre que hipotecaba las políticas culturales en Cataluña. La inversión, por otra parte, no tuvo como contrapartida un éxito de público proporcional, el MNAC, el museo de arte más potente de Cataluña raramente ha conseguido, desde su inauguración, superar el millón de visitantes anuales.
Para orientar las obras del artefacto y concretar la museografía se designo a la arquitecta Gae Aulenti. Las soluciones arquitecturales fueron mediocres, se limitaron a respetar, a ultranza, la personalidad del pastiche. A su vez la nueva museografía no superó el brillante planteamiento que en su día había formulado Folch i Torres.
El MACBA fue otra de las obras irracionales emprendidas en Barcelona. Para compensar la salvaje demolición del barrio del Raval se promocionó la ubicación de equipamientos culturales. El alcalde Maragall ofreció a Richard Meier, uno de los arquitectos totémicos del momento, la construcción de un edificio. Meier optó por un museo. De manera totalmente irracional se decidió el contenedor y luego el contenido. Por otra parte el Museo y su entorno directo (Plaça de les Caramelles) contribuyeron al despanzurramiento del barrio del Raval y se concibieron de manera totalmente irrespetuosa con el paisaje histórico urbano de la zona, un navajazo en la personalidad de la ciudad impensable en cualquier otra ciudad europea.

SOMBRAS Y LUCES
La marcha errática de la museología catalana se manifestó además con nuevos síntomas. El Museo Arqueológico de Barcelona sufrió una remodelación desastrosa en el 1999 perpetuada por el arquitecto Josep Llinàs (1945) que hundió el proyecto que en su día impulsó Pere Bosch Gimpera. Con la obra comenzó una minorización del Museo Arqueológico que continuaría imparable. Mientras el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona estuvo cerrado durante casi toda la década de los 90. Entre 1994 y 1999 Josep Llinàs remodeló las pasarelas entre las ruinas y entre el 2001 y el 2004 la sede del museo, ubicada en la casa Padellàs, fue desmantelada para montar salas de exposiciones. El Museo solamente empezó una lenta recuperación a partir del 2008.
El proceso de minorización de los museos de la ciudad de Barcelona se contrabalanceó con experimentos elitistas de resultado desigual. Así en 1994 se creó el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona con la intención de mantener una oferta cultural de exposiciones dirigida a públicos selectos.
Los intentos novedosos de los años 90 fueron muy limitados. Cabe destacar la remodelación del Museo Marítimo de Barcelona del 1996 con la singular exposición “La aventura del Mar” concebida como un pequeño parque temático, con un fuerte componente lúdico.
Dos de las iniciativas más renovadoras de finales del siglo XX fueron la creación del Museo de Historia de Cataluña (1996) y la musealización de la Ciudadela Ibérica de Calafell (1995). A partir del 1994 el arqueólogo Joan Santacana (1948), con el apoyo del historiador Xavier Hernández (1954), dirigió el proyecto de reconstrucción parcial del yacimiento de Calafell que implicó, por primera vez en Cataluña, una museización didáctica utilizando criterios de arqueología experimental. Entre el 1994, y 1996, se implementó también, a iniciativa de la Generalidad y de manera vertiginosa, el Museo de Historia de Cataluña. El coordinador del proyecto histórico y museográfico fue Xavier Hernández, que contó con la colaboración de Joan Santacana. El Museo de Historia de Cataluña fue el primer gran museo de historia construido en Europa con criterios didácticos y con la utilización masiva de interactivos. Se ubicó en unos antiguos almacenes portuarios que eran una muestra notable de arquitectura industrial del XIX. En esta ocasión el proyecto de adecuación arquitectónica fue escrupulosamente respetuoso con los valores de edificio y se supeditó al proyecto museológico y museográfico. El modelo del Museo de Historia de Cataluña fue ampliamente replicado en exposiciones y fue el precedente de experiencias como las del Museo Judío de Berlín, el Memorial de la Paz de Caen o el Museo de Historia de Alemania. Joan Santacana y Xavier Hernández, impulsores de los proyectos de Calafell y del Museo de Historia de Cataluña, constituyeron a partir del grupo de investigación “Didáctica del Patrimonio, Taller de Proyectos” de la Universidad de Barcelona, un núcleo muy activo de investigación-acción e innovación en el campo del patrimonio desarrollando nuevos y novedosos conceptos, como el de “museografía didáctica”.
Sin embargo los intentos de renovación no tuvieron fuerza suficiente como para reorientar la deriva errática de la museografía catalana. Tras su inauguración, y en pocos años, el Museo de Historia de Cataluña sufrió un galopante proceso de abandono: Las direcciones ineficaces y la falta de proyecto estratégico sumieron la institución en la inoperancia. Los nuevos museos que irrumpieron en el panorama catalán ya entrado el siglo XXI no supusieron ninguna novedad museográfica cualitativa, entre las iniciativas más relevantes el Museo Diocesano y Comarcal de Lleida (2007) supeditado a la construcción de un nuevo y moderno edificio. A su vez iniciativas extravagantes como del Forum Universal de las Culturas de Barcelona (2004), que implicaron la inversión de fabulosos recursos en la museografía de las exposiciones temporales, no repercutieron en establecimiento de museos permanentes. Una excepción notable en este panorama, aunque de iniciativa privada, fue la magnífica musealización audiovisual del monasterio de Sant Benet de Bages (2008).
La situación de estancamiento de la museología catalana del XXI se vió agravada, además, por factores complementarios. A finales del siglo XX Cataluña no contó con ayudas económicas europeas. Contrariamente otros territorios del estado español recibieron cuantiosos fondos, parte de los cuales, con mayor o menor fortuna, se invirtieron en patrimonio. Como consecuencia comenzó a evidenciarse un retraso en Cataluña en cuanto a iniciativas museales. Por otra parte las administraciones catalanas no entendieron la importancia de las nuevas industrias culturales inherentes al nuevo modelo de economía del conocimiento. La resultante fue la progresiva descapitalización del patrimonio y una pervivencia del sector subordinada, de manera cuasi exclusiva, a la construcción de edificios. Las inversiones en patrimonio no afectaron a los sectores creativos, se destinaren exclusivamente a cemento y a corto término resultaron inertes. Finalmente el difícil panorama de la museología catalana se vio agravado por la política de cargos. En general las administraciones (Generalidad, Diputación Ayuntamientos…) designaron directores y técnicos de museo con criterios de afinidad política. Las direcciones de museos de convirtieron en concesiones feudales al albur de los resultados electorales. El desconocimiento técnico y la falta de preparación se convirtieron en una nueva carga que también marcaría el derrotero decadente de la museología catalana. En el 2009-2010 el Gobierno catalán tomaba una decisión emblemática: finiquitar los museos de Arqueología y de Historia de Cataluña i, en contrapartida se anunciaba un nuevo y evanescente museo de “ciencias sociales” que exigiría la construcción de una potente obra inmobiliaria. La museología catalana del cemento iba a iniciar una nueva etapa.

MUSEOLOGÍA Y MUSEOGRAFÍA EN LA CATALUÑA DEL SIGLO XX.

MUSEOLOGÍA Y MUSEOGRAFÍA EN LA CATALUÑA DEL SIGLO XX.
Francesc Xavier Hernàndez Cardona (Historiador y museólogo. Universidad de Barcelona)

Resumen
A principios del siglo XX Cataluña conoció un vigoroso periodo cultural relacionado con la expansión de la economía industrial. El modernismo, primero, y el novencentismo y el vanguardismo racionalista, después, fueron los movimientos que vehicularon el renacer cultural y artístico de Cataluña. En este contexto el mundo de los museos también conoció su despertar. La labor desarrollada por instituciones autonómicas como la Mancomunidad de Cataluña y la Generalidad republicana pusieron las bases de la museología catalana, tanto a nivel teòrico como de realizaciones concretas. La ingente tarea desarrollada, entre otros, por J. M. Folch i Torres, y Pere Bosch Gimpera implicó la puesta en marcha de proyectos nacionales tan potentes como los Museos de Arte y de Arqueología de Cataluña.
La Guerra Civil y el triunfo del fascismo supusieron una dura ruptura, pero los técnicos formados en el periodo de la Mancomunidad y la República continuaron trabajando sorteando todas las dificultades impuestas por la dictadura militar.
Fue precisamente en el último periodo del franquismo cuando Joan Ainaud de Lasarte consiguió poner las bases de los que iban a ser los equipamientos más potentes de la museología catalana: el Museo de Arte de Cataluña, consolidado y relanzado, el Museo Picasso y la Fundación Miró.
La restauración monárquica de 1975, no implicó saltos cualitativos importantes en museología. A partir de ese periodo las tradiciones económicas industriales catalanas tuvieron problemas para avanzar hacia la sociedad postindustrial. La nueva economía se fundamento en la especulación urbanística y en la construcción e implico un periodo de hegemonía de los arquitectos que también se materializó en museología y museografía. La nueva museología sometida al culto del edificio contenedor triunfó plenamente con iniciativas como el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona o el Museo Nacional de Arte de Cataluña, con propuestas muy tradicionales cuanto a museografía. Por otra parte la proliferación de administraciones públicas también contribuyó a generar discursos fragmentarios. No hubo capacidad para generar un proyecto cultural común ni propuestas museográficas congruentes. En el nuevo y errático panorama de finales del siglo XX, apenas destacaron experiencias como el Museo Nacional de la Ciencia y de la Técnica; o el Museo de Historia de Cataluña, el primer gran museo interactivo de historia ensayado en Europa. A menor escala iniciativas como la musealización de las Minas de Cercs, de la Ciudadela Ibérica de Calafell o del monasterio de Sant Benet de Bages también implicaron aportaciones originales y novedosas.

LOS PRECURSORES
La museología y museografía catalanas nacieron con plena identidad a principios del siglo XX. La coyuntura del momento era de plena efervescencia y transformación del país, con un acelerado despliegue de una segunda revolución industrial propiciada por la irrupción transformadora de la electricidad. La Cataluña industrial forjada con la tecnología del vapor desde mediados del XIX, que había buscado su expresión a través de la estética Modernista, entraba ahora en un periodo de madurez. En el plano cultural creció y se desplegó un novecentismo ligado a las propuestas pragmáticas del catalanismo político, dispuesto a conseguir niveles de autonomía que permitieran el desarrollo de grandes infraestructuras culturales. Así bajo el paraguas político de la Lliga Regionalista y de la “Mancomunitat de Catalunya”, primer embrión de autogobierno, surgieron iniciativas museales autóctonas, en un momento en el cual las intervenciones museológicas del Estado se limitaban a Madrid y a unas pocas capitales provinciales.
En Cataluña los dirigentes de la Lliga desarrollaron una política museológica porque también de esta manera, con instituciones museales nacionales, podía construirse la nueva Cataluña.
El primer gran estratega de la nueva museología catalana fue sin duda Josep Maria Folch i Torres (1880-1950), discípulo del arquitecto i político Puig i Cadafalch 1867-1956) i bibliotecario de la Junta de Museos (1913). Fue pensionado para estudiar en distintos entornos museales europeos. Nombrado director general de museos en 1920 colaboró decisivamente en el rescate de las pinturas murales del románico catalán. Apartado de su actividad durante la Dictadura de Primo de Rivera volvió a la actividad con la II República y la institución autonómica de la Generalidad de Cataluña. En 1934 inauguró el que seria uno de los museos más emblemáticos del país: el Museo de Arte de Cataluña. Folch ensayó una museografía original, posibilista y didáctica salvando las grandes dificultades del edificio receptor, el Palació Nacional de Montjuïc (que todavía alberga, hoy el Museo Nacional de Arte de Catalunya), construido como arquitectura efímera con motivo de la Exposición Universal de 1929. Durante la Guerra Civil participó decisivamente en las operaciones de salvaguarda del patrimonio histórico-artístico catalán.
Pere Pere Bosch i Gimpera (1891-1974) fue, sin duda otro de los grandes precursores de la museología y museografía catalanas. Comprometido políticamente con izquierda republicana y nacionalista, participó en el diseño de un nuevo modelo de país libre que, lógicamente, debía contar con instituciones museales potentes. Bosch, que fue también Rector de la Universidad de Barcelona y Consejero de la Generalidad, impulso decisivamente la arqueología catalana y europea. Estudió detenidamente las experiencias de Alemania y otros países centro-europeos y las aplicó en el Museo de Arqueología de Cataluña (1935). El museo fue una propuesta ejemplar, construida con visión de estado, que contaba con una impresionante propuesta didáctica que incluía maquetas y grandes espacios escenográficos. La iniciativa situó la museografía catalana en la vanguardia de las experiencias europeas.
Cabe destacar también que en 1929 con motivo de la Exposición Universal de Barcelona de 1929, i a iniciativa de Puig i Cadafalch, se inauguró un parque tipo “Skansen”. Debía denominarse “Iberona”, ya que pretendía representar el conjunto de la península Ibérica, pero la Dictadura Militar del general Primo de Rivera impuso el nombre de Pueblo Español. Se trataba de un amplio recinto que contenía réplicas de diferentes modelos de arquitectura popular del estado español y con zonas reservadas a la exhibición de oficios artesanos tradicionales.
Tras la Guerra Civil (1936-1939) Cataluña, bajo el régimen fascista del general Franco, conoció un proceso de genocidio cultural explícito. Sin embargo algunos de los intelectuales y profesionales que se habían formado en el entorno de la Lliga y del espíritu de la obra de la Mancomunidad consiguieron mantener una interesante dinámica museológica y museográfica. Adoptaron una actitud posibilista aprovechando la propia administración de la dictadura para impulsar proyectos culturales ambiciosos.
Así Agustí Duran i Sanpere (1887-1975) y Frederic Udina i Martorell (1914) crearon el impresionante Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona, a partir de 1943, e impulsaron las espectaculares excavaciones de la Plaza del Rey consiguiendo la intervención arqueológica y museal más sorprendente realizada en la Cataluña del siglo XX. Su obra fue continuada por Frederic-Pau Verrié (1920) que logró, en lo que fue una impresionante aventura científica e intelectual, localizar y excavar el baptisterio de la primera basílica paleo-cristiana de Barcelona.
Pero sin duda el estratega más hábil fue Joan Ainaud de Lasarte (1919-1995), el mejor museólogo catalán de la segunda mitad del siglo XX. Fue director de los Museos de Arte de Barcelona (1948-1985) y como tal impulsó, de manera directa o indirecta, un proyecto cultural holístico para Barcelona y Cataluña que seguía los pasos iniciados en tiempos de la Mancomunidad.
Su astucia y sentido estratégico de la cultura le llevó a impulsar sucesivamente el Museo Picasso de Barcelona (1963) y la Fundació Miró (1975) en un momento en el cual la administración española estaba lejos de valorar la significación de los artistas contemporáneos. Además, el edificio de la Fundació Miró lo construyó el mítico Josep Lluís Sert (1902-1983), el máximo exponente de la arquitectura racionalista catalana de pre-guerra. Por otra parte Ainaud contribuyó también, de manera decisiva, a sostener el Museo de Arte de Cataluña. En este mismo momento, en 1974, se fundaba el Museo Dalí de Figueras, y el impulso de los museos de arte todavía se dejó notar en Barcelona con la creación Fundación Tapies (1985) que abrió sus puertas en 1990.

LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA.
Tras la muerte del general Franco, en 1975, la restauración monárquica dio paso a algunas reformas de tipo democrático. Cataluña obtuvo concesiones de carácter autonómico y un Estatuto de autonomía. El panorama museal catalán se caracterizó por un nueva y caótica realidad con iniciativas fragmentarias, desarrolladas en paralelo, y a veces en competencia, por parte de distintas instituciones: la Generalidad de Cataluña; los ayuntamientos de las grandes ciudades, y singularmente el de Barcelona; las Diputaciones y el propio Estado español.
El momento histórico estaba caracterizado por la definición de un modelo de crecimiento que fiaba en la preponderancia de la construcción como punta de lanza de la economía industrial y postindustrial. La fantasía que un país podía construirse a base de cemento se instaló en el imaginario de la clase política catalana. En este contexto los arquitectos hegemonizaron posiciones profesionales en todos los sectores de producción, gestión y decisión vinculados al nuevo modelo político-económico basado en la construcción.
Los urbanistas planificaron la destrucción de los cascos históricos, la liquidación de la línea de costa y la proliferación de urbanizaciones insostenibles. La especulación inmobiliaria y urbanística, improductiva por definición, se convirtió en centro de gravedad de la economía y de la cultura. En este contexto el prestigio de los arquitectos se extendía y hegemonizaba los más diversos espacios de la cultura y también la museología y la museografía. Durante los dos últimos decenios del siglo XX y el primero del XXI los arquitectos, y sus epígonos de diseño de interiores, rompieron con la herencia de la Mancomunidad y se erigieron en los nuevos profetas de una nueva museología catalana supeditada al ladrillo.
La actividad de renovación fue muy limitada durante los primeros años de la restauración monárquica. La gobierno autónomo de la Generalitat de Cataluña, dominado durante años (1980-2003) por las fuerzas de centro derecha nacionalistas, carente de un programa cultural, no impulsó proyectos ambiciosos en el campo de la museología. Algunos museos clave sometidos a conflictos de competencia en cuanto a gestión, como el Museo de Arte de Cataluña, tuvieron problemas. Este museo, el más emblemático de Cataluña estuvo cerrado al público durante 18 años, desde el 1977 hasta que en 1995 se reabrió la sección románica.
La única iniciativa relevante durante los primeros años de gobierno autónomo fue la creación del Museo Nacional de la Ciencia y de la Técnica en 1979, un museo creado de abajo a arriba gracias a la tenacidad del ingeniero Eusebi Casanellas (1948). El museo se constituyó en red, y a partir de la sede central de Terrassa agrupó numerosos museos locales temáticos de muy distintas características (Molino Papelero de Capellades, Agua de Igualada, Serradora d’Areu, Corcho de Palafrugell, etc).
En 1990 el parlamento catalán impulso una Ley de Museos que pretendía impulsar grandes museos “nacionales” (Arte, Arqueología, Ciencia y Técnica…) pero que no pasó más allá de la declaración de intenciones.
Como contrapunto al inmovilismo de las administraciones el panorama museológico catalán se animo a partir de una singular iniciativa privada: el Museo de la Ciencia impulsado por la Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona “la Caixa”. El centro se inauguró en 1981 y fue de hecho la primera versión europea relevante de la nueva museografía interactiva que había impulsado el Exploratorium de San Francisco. La museografía, coordinada por los ingenieros Rafael Clemente (1946) y Carles Puig (1947) , siguió muy de cerca la experiencia norteamericana y consiguió un éxito rotundo. El Museo de la Ciencia se convirtió en uno de los más populares de Barcelona, naturalmente sectores profesionales de museólogos criticaron la experiencia argumentando que aquello no era un museo.

TRAS EL DESIERTO OLIMPICO
En 1986 Barcelona fue designada como sede de la XXV Olimpiada que debía celebrarse en 1992. El evento se aprovechó para desencadenar transformaciones urbanísticas sin precedentes en la ciudad de Barcelona, algunas de ellas respondían a necesidades históricas y otras tenían como objetivo satisfacer las ambiciones del sector inmobiliario. En cualquier caso la designación implicó la paralización o la ralentización de las ya de por si escleróticas políticas museales del gobierno autónomo y del ayuntamiento de Barcelona. Las intervenciones en cultura, al margen de la especulación inmobiliaria, no se consideraron productivas.
Tras los juegos la ciudad quedó exhausta, sin embargo las intervenciones en cultura se convirtieron en inexcusables. Tras las olimpiadas y hasta el final de siglo se impulsaron varias instituciones museales subordinadas a sus respectivos proyectos arquitectónicos. Así entre las intervenciones más destacadas cabe señalar la inacabable reforma del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) (1995-2004); la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) (1995); la consolidación del Museo nacional de Ciencia y la Técnica (mNACTEC) con la inauguración de la sede de Terrassa (1983) y la inauguración de la exposición “Energeia” (1996), la reordenación del Museo Diocesano y Comarcal de Solsona (1992), la construcción del Museo Episcopal de Vic (1995-2001) y, finalmente, la creación e inauguración del Museo de Historia de Cataluña (1996). A su vez dos museos bajo influencia de la Diputación, el Museo Marítimo de Barcelona fue remodelado en el 1996 y el Museo Arqueológico de Barcelona conoció también reformas constructivas (1999).

EL MANAC I EL MACBA
La presión del pensamiento urbanístico fue determinante en el formato y ubicación que se dio a los museos emergentes del momento: el MNAC y el MACBA. Oriol Bohigas (1925) fue sin duda el ideólogo y factotum que supeditó la política cultural a una estrategia errática de construcción de la ciudad de Barcelona. Entre 1980 y 1984 fue delegado de los servicios de urbanismo del ayuntamiento de Barcelona, en 1984 pasó a ser concejal de urbanismo y dirigió las transformaciones urbanas que se plantearon en el contexto de las Olimpiadas. Finalmente entre 1991 y 1994 asumió también la concejalía de cultura, a partir de la cual influyó decisivamente en la política museal. Durante todo el periodo se actuó con total desprecio al casco histórico barcelonés que sufrió terribles mutilaciones y destrucciones, especialmente en los barrios del Raval i Sant Pere.
Bohigas decidió que el Museo de Arte de Cataluña debía continuar en su emplazamiento del Palacio Nacional de Montjuïc. En su día Folch y Torres había escogida este emplazamiento de manera provisional consciente de los grandes problemas del edificio (un pastiche efímero de la Exposición del 29). Ainaud en su momento había pensado emplazamientos más congruentes y asequibles, como por ejemplo el entorno de Monasterio de Pedralbes o alguna zona central de Barcelona. Contrariamente Bohigas aplicó el criterio que ya se había ensayado en los grandes equipamientos deportivos: las zonas centrales de la ciudad debían reservarse a la especulación urbanística, mientras que las zonas marginales (la montaña de Montjuïc) debían dedicarse a la ubicación de equipamientos deportivos y culturales. Así el MNAC debía continuar ubicado en un terrible edificio totalmente inapropiado para las funciones museales. La consolidación y reordenación arquitectural de los espacios del Palacio Nacional exigieron una cantidad ingente de recursos económicos. La decisión implico el sacrificio de fondos de cultura, más de 10.000 millones de pesetas, mucho dinero en la década de los 90, para consolidar un edificio imposible. El MNAC situado en la ladera de una montaña tenía (y tiene) graves problemas de acceso, de mantenimiento, de climatización. Desde el momento de su parcial reabertura, en 1995, se convirtió en un pesado lastre que hipotecaba las políticas culturales en Cataluña. La inversión, por otra parte, no tuvo como contrapartida un éxito de público proporcional, el MNAC, el museo de arte más potente de Cataluña raramente ha conseguido, desde su inauguración, superar el millón de visitantes anuales.
Para orientar las obras del artefacto y concretar la museografía se designo a la arquitecta Gae Aulenti. Las soluciones arquitecturales fueron mediocres, se limitaron a respetar, a ultranza, la personalidad del pastiche. A su vez la nueva museografía no superó el brillante planteamiento que en su día había formulado Folch i Torres.
El MACBA fue otra de las obras irracionales emprendidas en Barcelona. Para compensar la salvaje demolición del barrio del Raval se promocionó la ubicación de equipamientos culturales. El alcalde Maragall ofreció a Richard Meier, uno de los arquitectos totémicos del momento, la construcción de un edificio. Meier optó por un museo. De manera totalmente irracional se decidió el contenedor y luego el contenido. Por otra parte el Museo y su entorno directo (Plaça de les Caramelles) contribuyeron al despanzurramiento del barrio del Raval y se concibieron de manera totalmente irrespetuosa con el paisaje histórico urbano de la zona, un navajazo en la personalidad de la ciudad impensable en cualquier otra ciudad europea.

SOMBRAS Y LUCES
La marcha errática de la museología catalana se manifestó además con nuevos síntomas. El Museo Arqueológico de Barcelona sufrió una remodelación desastrosa en el 1999 perpetuada por el arquitecto Josep Llinàs (1945) que hundió el proyecto que en su día impulsó Pere Bosch Gimpera. Con la obra comenzó una minorización del Museo Arqueológico que continuaría imparable. Mientras el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona estuvo cerrado durante casi toda la década de los 90. Entre 1994 y 1999 Josep Llinàs remodeló las pasarelas entre las ruinas y entre el 2001 y el 2004 la sede del museo, ubicada en la casa Padellàs, fue desmantelada para montar salas de exposiciones. El Museo solamente empezó una lenta recuperación a partir del 2008.
El proceso de minorización de los museos de la ciudad de Barcelona se contrabalanceó con experimentos elitistas de resultado desigual. Así en 1994 se creó el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona con la intención de mantener una oferta cultural de exposiciones dirigida a públicos selectos.
Los intentos novedosos de los años 90 fueron muy limitados. Cabe destacar la remodelación del Museo Marítimo de Barcelona del 1996 con la singular exposición “La aventura del Mar” concebida como un pequeño parque temático, con un fuerte componente lúdico.
Dos de las iniciativas más renovadoras de finales del siglo XX fueron la creación del Museo de Historia de Cataluña (1996) y la musealización de la Ciudadela Ibérica de Calafell (1995). A partir del 1994 el arqueólogo Joan Santacana (1948), con el apoyo del historiador Xavier Hernández (1954), dirigió el proyecto de reconstrucción parcial del yacimiento de Calafell que implicó, por primera vez en Cataluña, una museización didáctica utilizando criterios de arqueología experimental. Entre el 1994, y 1996, se implementó también, a iniciativa de la Generalidad y de manera vertiginosa, el Museo de Historia de Cataluña. El coordinador del proyecto histórico y museográfico fue Xavier Hernández, que contó con la colaboración de Joan Santacana. El Museo de Historia de Cataluña fue el primer gran museo de historia construido en Europa con criterios didácticos y con la utilización masiva de interactivos. Se ubicó en unos antiguos almacenes portuarios que eran una muestra notable de arquitectura industrial del XIX. En esta ocasión el proyecto de adecuación arquitectónica fue escrupulosamente respetuoso con los valores de edificio y se supeditó al proyecto museológico y museográfico. El modelo del Museo de Historia de Cataluña fue ampliamente replicado en exposiciones y fue el precedente de experiencias como las del Museo Judío de Berlín, el Memorial de la Paz de Caen o el Museo de Historia de Alemania. Joan Santacana y Xavier Hernández, impulsores de los proyectos de Calafell y del Museo de Historia de Cataluña, constituyeron a partir del grupo de investigación “Didáctica del Patrimonio, Taller de Proyectos” de la Universidad de Barcelona, un núcleo muy activo de investigación-acción e innovación en el campo del patrimonio desarrollando nuevos y novedosos conceptos, como el de “museografía didáctica”.
Sin embargo los intentos de renovación no tuvieron fuerza suficiente como para reorientar la deriva errática de la museografía catalana. Tras su inauguración, y en pocos años, el Museo de Historia de Cataluña sufrió un galopante proceso de abandono: Las direcciones ineficaces y la falta de proyecto estratégico sumieron la institución en la inoperancia. Los nuevos museos que irrumpieron en el panorama catalán ya entrado el siglo XXI no supusieron ninguna novedad museográfica cualitativa, entre las iniciativas más relevantes el Museo Diocesano y Comarcal de Lleida (2007) supeditado a la construcción de un nuevo y moderno edificio. A su vez iniciativas extravagantes como del Forum Universal de las Culturas de Barcelona (2004), que implicaron la inversión de fabulosos recursos en la museografía de las exposiciones temporales, no repercutieron en establecimiento de museos permanentes. Una excepción notable en este panorama, aunque de iniciativa privada, fue la magnífica musealización audiovisual del monasterio de Sant Benet de Bages (2008).
La situación de estancamiento de la museología catalana del XXI se vió agravada, además, por factores complementarios. A finales del siglo XX Cataluña no contó con ayudas económicas europeas. Contrariamente otros territorios del estado español recibieron cuantiosos fondos, parte de los cuales, con mayor o menor fortuna, se invirtieron en patrimonio. Como consecuencia comenzó a evidenciarse un retraso en Cataluña en cuanto a iniciativas museales. Por otra parte las administraciones catalanas no entendieron la importancia de las nuevas industrias culturales inherentes al nuevo modelo de economía del conocimiento. La resultante fue la progresiva descapitalización del patrimonio y una pervivencia del sector subordinada, de manera cuasi exclusiva, a la construcción de edificios. Las inversiones en patrimonio no afectaron a los sectores creativos, se destinaren exclusivamente a cemento y a corto término resultaron inertes. Finalmente el difícil panorama de la museología catalana se vio agravado por la política de cargos. En general las administraciones (Generalidad, Diputación Ayuntamientos…) designaron directores y técnicos de museo con criterios de afinidad política. Las direcciones de museos de convirtieron en concesiones feudales al albur de los resultados electorales. El desconocimiento técnico y la falta de preparación se convirtieron en una nueva carga que también marcaría el derrotero decadente de la museología catalana. En el 2009-2010 el Gobierno catalán tomaba una decisión emblemática: finiquitar los museos de Arqueología y de Historia de Cataluña i, en contrapartida se anunciaba un nuevo y evanescente museo de “ciencias sociales” que exigiría la construcción de una potente obra inmobiliaria. La museología catalana del cemento iba a iniciar una nueva etapa.

PREPARANT EL LLIBRE DE LA CORONELA DE BARCELONA

En Francesc Riart, Xavi Rubio i jo mateix estem acabant “La Coronela de Barcelona” una magna obra textual i il·lustrada que publicarà Rafael Dalmau Editor.

ARQUEOLOGIA I GUERRA CIVIL

Els nostres col·legues de la Universitat Complutense de Madrid estan desenvolupant un magnific treball metodològic i investigador a l’entorn dels combats a la Zona Universitària. El profesor Alfredo Gonzalez Ruibal ha dirigit excavacions arqueològiques rellevants pel seu reigor i precissió. Cal destacar també la tasca de socialització del coneixement que s’exerceix a partir del blog

http://guerraenlauniversidad.blogspot.com/

En aquest espai podreu trobar les darreres novetats de la recerca. Cal destacar també per la seva rellevància el Volum 19 núm. 2 de la revista COMPLUTUM dedicat a l’Arqueologia de la Guerra Civil Espanyola.

NOU JOC DE SIMULACIÓ SOBRE L’ONZE DE SETEMBRE

L’Onze de Setembre del 1714 les tropes borbòniques comandades pel duc de Berwick realitzaren un assalt contra la ciutat de Barcelona. La ciutat, defensada per les restes de l’exèrcit regular català suportades per la Coronela, la milícia gremial, va resistir els embats dels atacants fins al migdia, moment en què ambdós bàndols negociaren una rendició pactada; les baixes havien estat tant esfereïdores que ni borbònics ni catalans tenien capacitat per a seguir combatent. Aquesta fou la última batalla de la Guerra de Successió Espanyola, i una de les més èpiques tal i com van destacar els noticiaris europeus de la època.
Aquest esdeveniment bèl•lic, que actualment es commemora com la Diada Nacional de Catalunya, és el punt de partida del joc “11 de Setembre Setge 1714”. Tenint com a base un tauler, a on es representa la trama urbana i les muralles de la ciutat a la zona de l’atac, el joc és una acurada simulació dels fets que succeïren aquell dia. Un dels jugadors controla l’exèrcit de les Dues Corones (França i Espanya), i l’altre comanda l’exèrcit català que defensava la Ciutat Comtal. La partida està dividida en una sèrie de torns, en cadascun dels quals els jugadors s’alternen en el moviment de les seves unitats tot atacant l’enemic, amb l’objectiu de derrotar les forces del contrincant i controlar el màxim d’espais estratègics. Hi estan representades la majoria d’unitats que van combatre a l’assalt, destacant l’existència de figures especials com granaders d’elit, fusellers de muntanya catalans, bateries artilleres o els diferents comandants que hi van participar. Una baralla de cartes introdueix el factor d’atzar, afegint a cada partida diversos fets que poden alterar el curs dels esdeveniments.
Els dissenyadors del joc són el catedràtic de la Universitat de Barcelona Francesc Xavier Hernàndez Cardona, i Xavier Rubio Campillo, investigador del grup DIDPATRI. Aquest joc és el producte d’anys de recerca en simulacions i Guerra de Successió, incloent la publicació de llibres com “Els exèrcits de Catalunya 1713-1714” i “Almenar 1710”, així com l’excavació dels camps de batalla d’Almenar i Talamanca (1714).
D’altra banda, “11 de Setembre Setge 1714” sorgeix com a una iniciativa privada de l’empresa CatImperium. Com a tal, la seva publicació és un bon exemple del potencial que la transferència de coneixement entre universitat i empresa pot comportar en el camp de les Ciències Socials. En aquest sentit el joc és una mostra de normalització de Catalunya, doncs emula el que en altres països com Estats Units o Regne Unit, que reconeixen el poder de la simulació lúdica com a eina d’aprenentatge de la Història.

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Podeu consultar aspectes generals del joc a les següents webs:

http://boardgamegeek.com/boardgame/38763

http://wargames-cat.blogspot.com/2008/09/joc-de-l11-de-setembre-de-1714.html

http://www.catimperium.cat/merxandatge_detall.asp?ap=merxandatge

ICONOGRAFIA ONZE DE SETEMBRE

NOVA ICONOGRAFIA DE L’ONZE DE SETEMBRE

A finals segle XIX i principis del segle XX, moments de represa cultural i política per Catalunya existí un gran interès pel coneixement de la història. De la investigació se’n va desprendre una autèntica política de divulgació per tal fer arribar al poble escrits i imatges que ajudessin a entendre, evocar o fins i tot mitificar determinats fets històrics. Es en aquest context que cal entendre l’interès de Victor Balaguer o Serra Roca per il·lustrar generosament els seus llibres. A banda pintors com Moreno Carbonero o Antoni Estruch van compondre obres emblemàtiques de caràcter historicista que encara avui son hegemòniques quan es vol donar una referència icònica de fets com l’Onze de setembre, la revolta dels segadors o l’arribada dels almogàvers a Constantinoble. D’ençà la derrota catalana en el context de la Guerra Civil espanyola de 1936-1939 aquesta línia d’iconografia didàctica i divulgativa sobre la història de Catalunya simplement va desaparèixer. La nova historiografia catalana de finals del segle XX mai es va preocupar per generar imatges gràfiques comprensibles del passat. Curiosament van seguir utilitzat, de manera acrítica, les ja generades a finals segle XIX o principis del XX. Tanmateix aquesta iconografia de tradició decimonònica responia a un determinat estadi de la recerca i no reflectia amb rigor ni l’escenari, ni l’indumentària, no el context material dels fets reflectits. Es a dir no era rigorosa. S’obria per tant un fossat contradictori entre els coneixements generats per la recerca i la representació iconogràfica i didàctica d’aquests que mantenia nivells de reaprofitament dels generats en el segle XIX. El cas de l’Onze de Setembre es en aquest sentit emblemàtic. Obra feta per Antoni Estruch a principis del segle XX reflecteix la visió de l’Onze de setembre que tenien en aquell moment. Així apareix un Casanova vestit amb gramalla, amb un gent que no evidencia, precisament una ferida a la cuixa, envoltat per una pintoresca coronela cofada amb barretines. Ara sabem que Casanova anava vestit com a Coronel que anava acompanyat per forces regulars de l’exèrcit català, que la milícia de la Coronela anava perfectament uniformada i que en aquell moment la barretina no s’utilitzava.

Per tal d’investigar sobre aquesta problemàtica i per tal de generar una nova iconografia i cartografia sobre fets històrics el Grup de Recerca DIDPATRI (Didàctica del Patrimoni i Museografia) de la Universitat de Barcelona està desenvolupant un seguit d’estudis, definició de tècniques i models a partir de la utilització de noves tecnologies per tal de generar imatges entenedores i creïbles de fets i espais del passat. Aquesta investigació es desenvolupa gràcies a un projecte de I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación (2008-2011) i ajuts de la Generalitat. Ara per ara les activitats de recerca i innovació es centren en la Guerra de Successió. A tal fi s’han elaborat ja blocs diagrama singulars que s’han experimentat a partir de la Batalla d’Almenar. També s’han començat a generar imatges sobre l’Onze de setembre que mostren les unitats de l’exèrcit degudament uniformades i de les companyies de la Coronela. Aquesta nova iconografia es dissenya a gran format i a molt alta resolució, l’equivalent serien quadres originals d’uns dotze metres d’amplada. L’execució de la iconografia es basa en la utilització de noves tècniques d’art digital. Les imatges digitals resultants es podran aplicar indistintament a renovar les imatges de fulletons, llibres i llibres de text, portades de jocs, cartells de gran format, impressions sobre tela, etc. En aquesta línia de treball iconogràfic i d’història estan treballant investigadors com Xavier Hernàndez Cardona i Xavier Rubio Campillo; il·lustradors veterans com Francesc Riart i joves il·lustradors com Guillem H. Pongiluppi (www.guillemhp.com).

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CATO’S TRIUMPH: THE BATTLE OF EMPORION

The article, originally written by Francesc Xavier Hernàndez and Xavier Rubio for the “Ancient Warfare” magazine, explain how Cato smashed the Iberian uprising against the power of the Roman Republic in 195BC.Published as “Cato’s triumph: the battle of Emporion” inside the journal ” Ancient Warfare“, vol.I, issue 4, 2008 (c) Karwansaray BV

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Hispania after the Second Punic War The Iberian Peninsula was one of the main theatres where the fight between Rome and Carthage known as the Second Punic War (218BC-201BC) developed. This area was the main source of richness and manpower for the armies of the Barcid family, as the composition of Hannibal’s army in Italy proves, with thousands of Celtiberian (coming from the centre of the Peninsula) and Iberian warriors (from the coast along the Mediterranean Sea) fighting inside its ranks.
Hispania after the Second Punic WarThe Iberian Peninsula was one of the main theatres where the fight between Rome and Carthage known as the Second Punic War (218BC-201BC) developed. This area was the main source of richness and manpower for the armies of the Barcid family, as the composition of Hannibal’s army in Italy proves, with thousands of Celtiberian (coming from the centre of the Peninsula) and Iberian warriors (from the coast along the Mediterranean Sea) fighting inside its ranks.
Although this zone was Roman territory after the Carthaginian defeat, seems more theoretic than real. The conquered zone, divided in two different provinces in 197 BC (Hispania Citerior and Hispania Ulterior), rebelled against Roman power when the different administrators raised high taxes.

“Cneius Cornelius Blasio, who had administered Hispania Citerior before Tuditanus, was authorised by the senate to enter the City in ovation. Before him were borne 1515 pounds of gold and 20,000 of silver, and also 34,500 silver denarii. L. Stertinius, who made no effort to obtain a triumph, brought away from Hispania Ulterior 50,000 pounds of silver for the public treasury, and with the proceeds from the sale of the spoil he erected two gateways in the Forum Boarium in front of the temples of Fortuna and Mater Matuta, and one in the Circus Maximus.”
Livy, 33.27

The uprising began at the farther province from Rome, Hispania Ulterior, but extended to the Citerior on a fast way. Both praetors, Sempronium Tuditanum and Marcus Helvius, were defeated with heavy losses (dying the former in combat) although each one had at his disposal 8000 Latin infantrymen and 400 horsemen. Next year the situation was not better, as the praetors Quintus Fabius Buteo and Quintus Minucius Thermus couldn’t stop the rebellion.
The threat of losing both provinces grew until centring the attention of the Roman Republic, so the senate began to plan its reaction for the upcoming year.

Roman response to the Hispanic rebellion
The elected consuls for 195BC were Marcus Porcius Cato and Lucius Valerius Flaccus, being Cato appointed to Hispania. The force given to him to accomplish his mission was a complete consular army, composed of 2 Roman legions, 15000 Latin allies and additionally 800 horsemen. Cato was young to be consul (he had 39 years, when the stipulated age was of 42), and its family was not between the richest of Rome. Its popularity was given by the support of the agricultural class at which he belonged, and his personal abilities. He was an excellent writer and orator, defender of the traditional virtues of Rome; he criticized the Hellenisation of Roman society that replaced frugality for luxury, and his austerity often produced clashes between him and the wealthier families of Rome, headed by the Scipios.
Cato managed to suit the army for the campaign on an short time. With his consular army and the troops of Publius Manlus, praetor of Hispania Citerior (2000 infantrymen and 200 cavalrymen), he requised an important number of vessels to transport its soldiers to the theatre of war. The fleet sailed from the port of Luna towards Hispania. After passing along the coast near the Pyrenees, he attacked an small Iberian garrison in the Greek city of Rhoda. Finally, he ordered the fleet to sail to Emporion, one of the most important cities of Hispania Citerior where the Iberian army had concentrated its forces.

Emporion and the battlefield
Emporion was the main gate to the Roman dominions inside the Iberian Peninsula. As the land connections were slow, insecure and easily blocked at the narrow passes of the Pyrenees, the route towards Hispania had to pass through this port in order to follow the coastline to Tarraco. The Iberian leaders knew that, if they managed to close this door, they would have chances to defeat the Roman power in Hispania.
Emporion was founded as a commercial Greek colony in sixth century BC. This city was chosen, during the Second Punic War, by Publius and Gnaeus Cornelius Scipio (father and uncle of Scipio Africanus) to disembark a Roman attacking force in Hispania (218 BC) in order to harass Hannibal’s rearguard while he was campaigning in Italy. This Republican army constructed a camp near the Greek city, leaving it after the end of the war. As this fortification was on a strong defensive position, it seems probable that the Iberian army established there its encampment.
The geography of the zone has changed substantially in 2000 years, as the course of the Ter river has been modified, but different studies has contributed to the reconstruction of the battlefield. Emporion, the Greek city, was founded as a commercial settlement (in fact Emporion had two constructions; the small Palaiapolis and the big city, the Neapolis). Its defensive situation was weak, rounded by sea and the hill where the Roman encampment was constructed afterwards. This was the reason why the greeks, probably in the second century BC, designed such an important defensive system as we can still see today.

The limited siege resources of the Iberian army made difficult to conquer the Greek city; moreover the Roman supremacy at sea made impossible to cut the supplies to the city, but a defensive belt was constructed around it, making profit of the old Roman camp.
We can imagine the thoughts of Cato when he landed on the Greek city, known as Neapolis with part of his army: Emporion was surrounded, with a line of palisades in the elevations surrounding the city, without knowing what force had the enemy after this position.

The Romans take the initiative
Cato was a fairly ambitious man, and the Roman political structure of yearly consulships made him take the initiative to defeat the Iberian army as fast as he could. Most of the rebels were concentrated in Emporion, so he didn’t want to lose the chance to defeat them on a single stroke.
Cato began the construction of a Roman camp for his legions near the city, the sea (this was his line of supply and communication with Rome) and the enemy. He also established a second encampment, 3000 meters away from the city, outside the Iberian siege belt.
He encouraged the Roman soldiers to set up skirmishes with the Iberian warriors, in order to know which were the capabilities of his own army, and the fighting value of the enemy. In contradiction of the popular idea of the Republican Roman legions as a heavy and slow force, Cato undermined the morale of the Iberians destroying the harvests around the zone and harassing its rearguard with nightly sorties of his soldiers, forcing the enemy to stay inside its fortifications and improving the confidence of his own army.

“He sent his men into the enemy’s fields in quest of plunder, first in one quarter and then in another as occasion served, leaving only a small guard in the camp. They generally started at night in order to cover as great a distance from the camp as possible and also to take the enemy by surprise. This kind of thing was a training for the new levies and led to the capture of numerous prisoners, till the enemy no longer ventured outside the defences of their forts.”
Livy. 34.13

He also wanted to give his soldiers experience in combat, improving at the same time the confidence of his army with speeches and rewards. When he noticed the poor morale of the enemy through the information provided by the prisoners, Cato decided to commit his forces in a decisive battle in order to destroy the entire Iberian army. In case of victory he would be able to plan a pacification campaign for the rest of Hispania, with the essential port of Emporion controlled.

The decisive day
We don’t know how much time Cato spent on these skirmishes, but is probable that the battle was fought at the end of the summer of 195 BC. At midnight of the chosen day, after attending the auspices, Cato ordered his troops to take positions at the other side of the enemy fortifications, concealing his forces under an elevation (nowadays known as the hill of “Les Corts”).

At dawn the Roman commander ordered an small detachment of his troops to attack the palisades of the enemy. The Iberians saw, at the first light of the day, maybe one thousand warriors attacking his encampment without support, and decided to face this weak force. In the meantime Cato made an speech to his legionaries, trying to prepare them for the upcoming combat. After some skirmishes Cato ordered the vanguard to fall back slowly. The enemies, thinking that the Romans were retreating, went out of the fortifications in full force, in order to start a pursuit. They had fallen in Cato’s trap. It is probable that the Iberian chiefs didn’t want to lose the glory of an easy victory, so no reserve was organized. Moreover the Iberian advance would have disordered the battle line.
Cato ordered a full attack of his concealed cavalry and infantry against the disordered enemies, sending at the same time two cohorts to organize a flank attack against the enemy’s right. The second legion was left in reserve, following the Roman tradition of having always an important part of the forces apart from combat, at the disposal of the commander.

The Romans had to face different threats, as the number of Iberian warriors and their quality was important. The major menace came from the Roman right flank, where the cavalry was decisively defeated and routed. Cato himself had to move to this point if the line, in order to raise the morale of his soldiers and stop them fleeing from the battlefield.

“As long as the action was confined to the discharge of missiles it was equally contested on both sides, but now the Roman right, where the panic and flight began, was with difficulty holding its ground; the left, on the other hand, was pressing back the barbarians in front, and the cohorts in the rear were creating panic amongst them. When they had discharged their iron javelins and fired their darts they drew their swords and the fighting became more furious. They were no longer wounded by chance hits from a distance, but foot to foot with the foe they had only their strength and courage to trust to.”
Livy, 34.14

Cato moved the second line of his forces (the Principes) to the front, bringing fresh forces.
We can imagine the effect of this vision in the Iberian warriors; fatigued from the fight against velites and hastati, another pila volley smashed them, killing and wounding high numbers of warriors. At this moment the Principes charged using their gladius, concentrating their forces against a section of the line and breaking the enemy centre. The Iberians decided they had enough fight for this day, and began to retire to his near encampment.
The battle was almost won, but Cato knew that, if the Iberians managed to retire to their camp without too much losses, it would be quite difficult to destroy them without spending the whole year. He no longer needed the second legion as an emergency force, so he decided to use these soldiers against a weak spot detected on the Iberian defences: the leftmost door of the camp. This gate was hold by an small detachment of Iberians, so the Princeps and Hastati of this second legion managed to assault, conquer and pass through it in a few minutes, entering the fortification and attacking the enemy from the rear. It was a desperate situation for the Iberians, that were defending the palisades from the attacks of the first legion. Caught beneath both forces, they were massacred (Livy tells us that the Romans killed 40.000 Iberians just in this battle).

Aftermath: Cato crushes Iberia
Cato left his troops pillage the Iberian site as well as the country near the Roman camp. Iberian towns and cities surrendered Cato as he moved his army through the coast towards Tarraco. It is probable that most of the Iberian chiefs were killed or captured in this battle so, without their warriors, the Iberians had only a choice: submission or destruction. Cato realised that, if he wanted to finally crush the rebellion, he had to disarm Hispania Citerior. He had nor troops neither time to accomplish this hard work, so he finally decided to send a letter to every Iberian city with this message: they had to destroy their walls on a single day; on the contrary they would be annihilated. As every site thought that the menace was directed just to itself the trick was accomplished, and all the walls were destroyed in the same day, leaving at Roman mercy the destiny of the Iberian people. Most of the archaeological works on Iberian towns show this destruction of the walls; the sites that didn’t accomplish the order were completely massacred by the Roman army.
Finally, Cato returned to Rome, at the end of his consulship, bringing with him an impressive booty; for his victories over both Hispanic provinces he was awarded with a triumph.

The Roman legions, hardened through the encounters of the Second Punic War, had developed into an extremely versatile and disciplined force and, commanded by a superior commander like Marcus Porcius Cato, had shown the world that no enemy could match them.


PRESENTACIÓ “EXÈRCITS DE CATALUNYA 1713-1714″

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El dissabte dia 15 de desembre a les 18,30 presentació del llibre “Els Exèrcits de Catalunya, 1713-1714. Uniformes, equipament, organització” al Memorial 1714 (El Fossar de les Moreres). participaran els autors, Xavier Hernàndez i Francesc Riart. Introduirà l’acte Jordi Miravet president del Memorial 1714 i presentarà el llibre Carles Bonet, senador d’ERC.

MIQUELETS DE L’ANY 2007

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El passat dia 4 de desembre en Francesc Riart i en Xavier Hernàndez van ser guardonats amb el títol de “Miquelets de l’any” en reconeixement a la tasca de recuperació de l’exèrcit català del 1713-1714. L’associació Miquelets de Catalunya (www.miquelets.cat) es qui atorga aquesta distinció que es materialitza amb el tradicional tricorni setcentista. L’acte es va desenvolupar en els locals del restaurant Via Fora de Manresa en el transcurs de la presentació del llibre “Els exercits de Catalunya 1713-1714″. Podeu seguir algunes imatges al http://au.youtube.com/watch?v=shOeYYzfHZI

EL MUSEU DE LA QUÍMICA DE TARRAGONA

A finals del més de novembre la AEQT (Associació Empresarial Química de Tarragona. www.aeqt.com ) va anunciar i presentar l’avantprojecte del Museu de la Quimica de Tarragona. En Museu s’ubicarà en els rafals del port. Es tracta d’un dels primers projectes museístics impulsats des de l’àrea de les empreses privades, la qual cosa suposa un precedent molt interessant en el panorama de la museologia a Catalunya. El projecte d’idees i executiu està essent elaborat pel Taller de Projectes (Didpatri, Universitat de Barcelona) coordinat pels drs. Xavier Hernàndez i Joan Santacana. El plantejament del nou equipament defineix una proposta de museografia didàctica i interactiva vertebrada per propostes audiovisuals i informàtiques de darrera generació.

Recreacions dels espais de l’exposició permanent (disseny DRACMA)

Aproximació als espais de l’exposició permanent (disseny DRACMA)

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